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![]() (photo by Michael Collopy) |
Declaración del Dr. Oscar Arias, Ex-Presidente de Costa Rica y Premio Nobel de la Paz 1987 sobre el trágico ataque contra los Estados Unidos de América el pasado 11 de Setiembre. Frente a estos desgarradores acontecimientos, y conforme recibimos las imágenes de aquellos que perecieron en el ataque del martes y el sentimiento de dolor de sus familiares y amigos, afirmemos los lazos que nos unen como seres humanos ante la conmoción, la indignación y el pesar. Expreso mi profunda solidaridad con quienes perdieron seres queridos en este terrible ataque, y junto con quienes aman la libertad y la democracia y están comprometidos con la no violencia, condeno éste y todos los actos de terrorismo. En este momento de gran sufrimiento, quiero hacer una petición al Pueblo y al Gobierno de los Estados Unidos de América, que no permitan que sus corazones se llenen de odio, porque ello sería concederles a los terroristas la respuesta que buscan y esperan. En su lugar, ruego porque los Estados Unidos y sus aliados colectivamente den un respiro profundo y hagan una pausa antes de responder a esta clase de violencia con más violencia. Es esencial que se logre la justicia, y es igualmente vital que la justicia no sea confundida con la venganza; ambas son totalmente diferentes. Pido al Gobierno de los Estados Unidos actuar con cautela y prudencia cuando formulen su respuesta ante esta inimaginable y grotesca muestra de desprecio por la vida humana. Que se logre la justicia, eso sí; pero que los Estados Unidos también permanezcan comprometidos con sus valores fundamentales, que son admirados y emulados a través del mundo: el respeto por la libertad y por la vida, sobre todo de los inocentes. Igualmente quiero pedir al Pueblo de los Estados Unidos, que a pesar de la angustia y del justificado enojo, recuerden que los extremistas del tipo que perpetraron este ataque representan solo una pequeña minoría del mundo Musulmán, y que la vasta mayoría de los musulmanes oran al mismo Dios que el resto de nosotros ya seamos Hindúes o Judíos, Cristianos o Budistas y que es un Dios de amor y no de odio, de vida y no de muerte. Por lo tanto, pidamos que Dios, ese poder que a pesar de ser universal es conocido por cada uno de nosotros de una forma particular, nos brinde la fortaleza para permanecer firmes contra la oscuridad del odio y la violencia que nos amenaza. Tendamos las manos en paz con nuestros hermanos y hermanas musulmanas. Quiero sugerir que también aprovechemos esta oportunidad para reexaminar nuestras prioridades globales y los valores sobre los que están basadas. El terrorismo es un mal que no debería existir en el mundo de hoy, y hay otros males, incluyendo la pobreza, el analfabetismo, las enfermedades endémicas y la destrucción ambiental. Tenemos los recursos materiales y espirituales para eliminar muchos de esos males. Canalicemos esos recursos de acuerdo a las necesidades de los más pobres y más vulnerables entre nosotros. En lugar de construir bunkers y escudos que no son capaces de protegernos, construyamos buena voluntad y armonía, capacidad humana y entendimiento, y por esta vía construiremos el mundo en el que queremos vivir. Seamos el cambio que deseamos ver, dijo una vez Gandhi, y no la oscuridad que deseamos dejar atrás. |
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